domingo, 25 de enero de 2015

59 años de casados

Es divertido, llegabas a saludar a toda la famila, muy rápido y en silencio, a los que estaban más alejados sólo les hacías una mueca y sonreías como asegurándose de que ya los habías visto. Entre mis primos nos encantaba sentarnos todos juntos en una misma banca, no importaba si no cabíamos porque había alfombra y podías estar en el suelo sin que nadie te dijera nada. Eso sí, cuando pasaban con las canastitas íbamos corriendo con nuestros papás a pedirles cambio, pues nadie se quería quedar sentado sin estirar la manita para echar unas moneditas, éramos felices sabiendo que ayudábamos, no cuestionábamos más.
Tampoco te podías quedar sin hojita o librito de la misa, aunque no entendieramos ni madres, el punto era ir siguiendo al señor de blanco que estaba al frente debajo del cristo.
Dar la paz era también una pachanguita. Dabas la mano y besabas a  las personas que estaban a tu alrededor, de repente si te emocionabas te pasabas a otras bancas a dar la paz. Algunas tías se aprobechaban y te daban beso fuerte para marcarlo en el cachete.
Luego llegaba el padre nuestro y te agarrabas de la mano con todos, entre familia tratábamos de hacer cadenita, lo cantabas y alzabas las manos cada vez más conforme llegabas al corito final: padre nuestroooo, padre nuestroooo, libranoooooos ...
Hace muchos años que no entraba a misa, y ya saben que opino de los sistemas religiosos. Pero el tema hoy es que gracias a los 59 años de casados de mis güegüelos, hoy desempolvé recuerdos que me sacaron una sonrisa y me recordaron lo chingona que es mi familia, Felicidades Luis y Lilia, vamos por los 75!!

lunes, 19 de enero de 2015

Abu Simbel

5.39 de la mañana. El amanecer no se ha hecho presente en el horizonte. Por la ventana entran 2 tipos de luces, al frente son rojas y provienen de decenas de calaveras y stops de autos y vans, hacia atrás son deslumbrantes y blancas. La caravana hacia Abu Simbel ya está en medio del Sahara. Lo que pretende ser una excursión  segura en compañía de todos los turistas hacia el templo más espectacular de Egipto, se ha convertido en una carrera entre más de 100 autos, furgonetas y camiones con turistas. Hay menos de un metro de distancia entre los 4 vehículos alrededor del nuestro. Cualquier enfrenón del conductor podría terminar en carambola -en el mejor de los casos-. Nuestro hombre está empecinado en rebasar al de en frente, le avienta las altas una y otra y otra y otra vez, pero no pareciera con la intención de quitarse, y aunque así lo fuera, no tiene opción de hacerse a la derecha ni a la izquierda, sólo son dos carriles y ya están ocupados, a menos, claro, que quiera atascarse en la arena. Tampoco parece poder acelerar más, tal vez va muy pesado. Pero eso no le importa a nuestro chofer, el sigue necio y presionando. Hay posibilidad de hacerlo por la derecha, los autos avanzan a mayor velocidad, él no lo duda ni un segundo y ya lo estamos rebasando. Ahora si va rápido, pero no por mucho tiempo, un tramo en reparación lo obliga a reducir la velocidad, la terraceria, que probablemente debiera llámarse arenaceria,  hace vibrar demasiado la camioneta. En el asiento de adelante mi padre se despierta. E inmediatamente abre La cortinilla de su ventana. Voltea hacia mi asiento y al mirarme despierto y también buscando algo qué mirar por la ventana me dice:
-Hace mucho que no veía tantas estrellas.
Aún se veían algunas, aunque ya no tan brillantes.
En el cielo los colores rosado, lila y amarillo ya han aclarado la vista hacia el Valle kilométrico de dunas de arena. Él  y yo hemos estado esperando lo mismo durante varios minutos, pero parece que no lo veremos esta mañana , hemos buscado el disco solar en el horizonte sin tener éxito. No, espera. Son justo las 6.40 de la mañana y aparece grande y naranja.